lunes, 8 de febrero de 2010

RESURGIR (AVE FÉNIX)

“Dichoso el que gusta las dulzuras del trabajo sin ser su esclavo”.

Benito Pérez Galdos


No cabe la menor duda de que el trabajo nos hace libres pero también nos ata, de ahí la importancia tan inmensa que poseen los sindicatos como fieles defensores de los derechos de los trabajadores. Y es por esta razón por la que sustraje el título del libro a intervenir “Trabajo y sindicatos”. Es más, el trabajo es lo que, sin casi sin darnos cuenta, nos encierra en un círculo vicioso que a veces nos oprime y otras veces nos libera, (como un bote que se abre y se cierra herméticamente), y el sindicato es el encargado de ser, sin duda, la voz del trabajador.

Así que, como antes que trabajadores somos personas y como tales, poseemos ideales y sueños, en este frasco quedan atrapados todos éstos, todo el sudor, todo el esfuerzo, todos los deseos de aquellos que, con su perseverancia y lucha, han obtenido una vida más plena, satisfactoria y repleta de ilusiones, por lo que, en este frasco, queda encerrado este pequeño homenaje, un homenaje a todos los que alguna vez, a pesar del arduo y candente trabajo y de lo abrumador de su quehacer, resurgieron de sus propias cenizas, cual Ave Fénix.





TEJIENDO SUEÑOS

¿Cuál es la función de los sueños?, preguntaba Freud, y contestaba que “los sueños son el guardián del que duerme”. Censuran, decía, el material inquietante que exige ser reconocido en la mente, y cuando este censor fracasa aparecen la ansiedad y la pesadilla. Por eso para Freud son “la satisfacción disfrazada de los deseos reprimidos”, y “uno de los rodeos que permiten escapar de la represión”. ¿Son eso las formas de Wright? Tal vez lo sean en alguna medida todas las formas de arte (…) que como los sueños, exploran nuestras esperanzas y ansiedades a la vez que nos protegen de ellas.

La importancia del ser humano, desde mi punto de vista, para contextualizar una obra de arte, es primordial, ya que, como seres humanos que somos, estamos cargados de una objetividad subjetiva, esto es, no podemos reflejar una realidad objetivamente sino que de manera inconsciente (subconsciente freudiano) actuamos subjetivándola. Lo mismo le sucedía a Wright, que amoldaba sus arquitecturas a los pretextos de sus clientes, organi-z-ando los espacios.


Esta subjetividad lleva intrínseca, seamos conscientes o no de ello, una serie de nociones o conceptos que nos son inherentes por el simple hecho de ser personas: los deseos, las ambiciones, los sueños. Por ello, he querido que la figura humana estuviera presente en el vídeo, formato en el cual he querido trabajar en este segundo proyecto, y, además, jugar con la metáfora del paso del tiempo aunque hilando términos, usando un hilo conductor (lo deseado, lo soñado) como nexo entre el tiempo y el tiempo –el tiempo de una vida ya desgastada y el tiempo de una vida que está empezando a andar-, esos tiempos. De todos modos, quería aclarar que me refiero al paso del tiempo como elemento que merma todo material, en toda la amplitud de su significado. Esto es, desde el material con el que está construido una casa, hasta el material con el que están construidos los individuos: hormigón y sentimientos, ladrillo y sueños, madera y anhelos.

En el vídeo convergen todos estos conceptos metafóricos, pero también entran en juego aspectos que son imprescindibles en el lenguaje arquitectónico de Frank Lloyd Wright, los espacios puramente funcionales (las cocinas de ambas casas del vídeo responden claramente a una función, a una necesidad); la importancia de la decoración y mobiliario (resumida en ‘planos detalle’); la iluminación (entendida aquí como la fuente de la que beben los personajes para evitar estar sedientos por la falta de esos deseos y sueños); y el dotar a los edificios de unas características idóneas para la convivencia familiar (identificada con la pareja abuela-nieto).

Con todo este lenguaje establecido, con todas esas ideas y formulaciones, era más que esencial que ese hilo que continuamente nombro, estuviera presente físicamente e incluso hiciera de nexo absoluto en el discurso visual, por lo que, esta necesidad de mostrar madejas de lana o elementos que la contengan, era tan necesaria como son los sueños para el individuo.

Y es que, el mensaje que tan azarosamente intento trasmitir con este proyecto es que, al igual que unos pilares son necesarios para que una arquitectura quede fuertemente asentada; es necesario fundamentar una base sólida de ideales, de pensamientos, de sueños, para que el individuo esté completamente realizado.

Soñar, crear, tejer. Soñar ideales, crear ambiciones, tejer pensamientos, soñar tejiendo, tejer soñando… en definitiva, vivir tejiendo sueños.



Gracias de todo corazón a mi abuela y a mi hermano por haber hecho posible este proyecto.


ENTRE LO ETERNO Y LO EFÍMERO

Con el primer proyecto de este curso, tratamos el tema de la proporción áurea y en mi trabajo concretamente, tomé como base la anécdota de la existencia de dicha proporción en la naturaleza y para ser exactos, en los enjambres de las abejas o en su propio cuerpo.

Partiendo de esa premisa y con la intención de seguir jugando con esa idea, decidí que era esencial el trabajar con cera. La propuesta era una instalación de grandes dimensiones en tonalidades negras y en el centro del suelo el conjunto exagonal de una serie de cirios.




Todo tiene su sentido, y es que, intenté plasmar una serie de ideas a modo de metáfora, y es que, en este mundo, en esta sociedad, las diferentes personas que nos vamos topando por el camino nos moldean de un modo “invisible”, porque aunque la apariencia sea de seres inmutables, firmes, rotundos, nos pueden hacer cambiar ya que nos van marcando, somos maleables, somos fundibles, somos frágiles.


La realidad nos va haciendo reflexionar, provoca en nosotros reacciones, hace que seamos de un modo y no de otro, al igual que un proyecto empieza de una forma e indubitablemente, acaba siendo de otra distinta, y es que se ha ido forjando de una manera y no de otra, con un carácter, con una esencia. Esa esencia es la que permanece, eterna, invariable, siendo el reflejo o el destello de lo que un día fuimos. Somos caducos, somos finitos, somos luz que algún día se apagará.

Toda la realidad que nos envuelve nos aflige, nos hace sentirnos reacios o por el contrario, afirmarnos en nuestras convicciones, en nuestras ideas, que son las que, en definitiva, vienen, surgen, se voltean, se retuercen, se apuntan, se desapuntan, nos entorpecen, nos ayudan, nos vuelven a entorpecer e impiden llegar a la meta; las ideas nos ofuscan, nos envalentonan y nos hacen sentirnos dichosos de haberlas poseído; y es que las ideas vienen, sí, vienen, pero tal y como han llegado, se van. Al fin y al cabo lo que tantas vueltas da, no es tanto nuestro espíritu sino nuestros pensamientos, nuestras ideas, nuestros ideales.

Todos esos cirios encendidos simbolizan esos ideales, esas creencias o ideas, esos pensamientos, nosotros únicamente somos el medio, un bloque de cera que se volverá a la nada, y es que no somos más que un montón de cera, fundidos por los años, por el desgaste, por la propia vida, por el paso del tiempo, por el consumo de todo lo que nos atemoriza y nos alegra, por el consumo de nuestras sensaciones y vivencias, por el consumo de nuestras ideas y reflexiones… y, aún con todo, aún siendo conscientes de ese desgaste continuo, es tan leve, tan ligero, tan sutil que muchas veces se nos olvida, hasta que chocamos frontalmente con el suelo, desgastados por la consumición total; la llama se ha apagado.

Sin embargo, esa metáfora de la sociedad y el individuo no es más que una breve traza de lo que para mí significa el vivir en sociedad, lo que significa la suprema importancia de las ideas, de nuestras propias ideas, por mucho que nos hagan sentirnos desdichados o inseguros, porque luego serán ellas también las que nos den de beber del vaso de la gloria.

Es una lástima que muchas veces no nos demos cuenta, ya que en cantidad de ocasiones, hay velas que lo alumbran todo, menos su propio candelabro , personas, que nos iluminan, que nos ayudan y nos mantienen firmes, personas que son verdaderos ejemplos, personas con ideas brillantes, precisamente eso, ideales vivos, individuos que no se percatan de lo importante que fueron para el resto.

Así sucederá también en el proyecto, que mientras casi todos los cirios miran para sí mimos, herméticamente, otros estarán alumbrando al resto, seguramente estarán más desgastados, más fundidos, acabarán siendo más fugaces, sin embargo, permanecerán al final más tiempo alumbrados por los que le siguieron, porque fueron ellos les animaron, quienes prefirieron “quemarse” antes; pero ahí quedarán, ahí quedarán sus huellas, los rastros, los vestigios de almas efímeras que permanecerán vivas, eternas, para el resto de los días, cual cera amontonada tras haber sido derretida.

¿Eterno, efímero? ¿Vivo, vida?

¡Eureka!, sí, Eureka.










domingo, 7 de febrero de 2010

Consume Me




Consome-me, consúmeme, consume Me...
El libro, un bien vital para el ser humano.Un consumismo completamente justificado.








Materia con forma

Esta vez trabajamos con materia que posee una forma concreta, es decir un estado sólido a modificar, y en este caso es el metal.

Mediante la soldadura de estaño logro unir las piezas de este "árbol" metálico que representa, para mi, una naturaleza artificial, una contradiccion en si misma que surge de trabajos anteriores. La absurda necesidad del hombre por recrear entornos "naturales" en vez de conservar los existentes hace que ya nada sea realmente natural.



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